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Predicar
la Palabra Hoy |
| El
ministerio de la Palabra y sus contextos C.PP.S. por Robert Schreiter, C.PP.S. |
| Iglesia
y Comunicación por Chesco Msaga, C.PP.S. |
| Predicar
la Palabra de Dios en una sociedad secularizada por Alois Schlachter, C.PP.S. |
| Sigue
la corriente: La vida de un misionero itinerante por Al Naseman, C.PP.S. |
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La
Palabra de Dios en la pastoral juvenil |
En ediciones anteriores de La Copa hemos reflexionado sobre la naturaleza de nuestra Congregación como Sociedad de Vida Apostólica así como sobre nuestro carisma misionero. Nuestros Textos Normativos indican claramente que el "objetivo apostólico" de nuestra Congregación es "la actividad apostólica y misionera del ministerio de la palabra" (C3; cf. C24). La predicación de la Palabra de Dios es, pues, un constitutivo de nuestra identidad C.PP.S.. En el presente número de La Copa se examinará este tema tan importante a la luz de nuestra tradición, de lo que se entiende por "evangelización" hoy, y en el marco de la espiritualidad de la Preciosa Sangre, para responder a las diversas situaciones y contextos culturales en los que trabajamos.
Evangelización
Nuestra predicación
de la Palabra de Dios debe basarse en Cristo el Evangelizador, que vino a proclamar
la Buena Noticia del Reino de Dios. El definió su misión cuando
citó al Profeta Isaías en la Sinagoga de Nazaret al comienzo de
su vida pública: "El Espíritu del Señor sobre mí,
porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Nueva."
(cf. Lc 4:18-19)
En su Exhortación
Apostólica, Evangelii Nuntiandi, el Papa Pablo VI nos recuerda que
"todos los aspectos de su misterio - la misma encarnación, los
milagros, las enseñanzas, la convocación de sus discípulos,
el envío de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad
de su presencia en medio de los suyos - forman parte de su actividad evangelizadora"
(#6).
La tarea de evangelizar a todos los pueblos constituye la misión esencial
de la Iglesia (EN 14), dentro de la cual debemos interpretar nuestro proprio
llamado a vivir "el ministerio de la Palabra" como hijos de San
Gaspar.
Importancia
del testimonio personal
La predicación de la Palabra de Dios no puede reducirse al anuncio
de una verdad absoluta y abstracta, sino que debe ser la comunicación
de una experiencia personal de Cristo. Juan, en su primera carta, dice: "Lo
que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos
visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca
de la Palabra de vida
lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos,
para que también vosotros estéis en comunión con nosotros;
pues estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo."
(1,1-4)
Nuestra predicación, cualquiera sea la forma en la que se realice,
debe brotar de nuestra relación personal con Cristo. La Palabra de
Dios ha echado raíces en nuestras vidas y hemos experimentado su poder
transformador. Nos hemos comprometido a hablar a otros sobre nuestra relación
con Jesús y sobre la vida nueva que cada uno puede experimentar a través
de una relación semejante con el Señor. Por lo tanto, el primer
imperativo de la evangelización consiste en que renovemos y profundicemos
constantemente nuestra relación personal con el Señor. Nuestro
testimonio apostólico será eficaz si nos nutrimos "con
la oración, la sagrada liturgia, las Escrituras y la tradición
viva de la Iglesia" (C23). Es esta relación con el Señor
la que avivará en nosotros el fuego por la misión y nos hará
testigos creíbles del Señor Resucitado!
Desde
la perspectiva de la Preciosa Sangre
Por supuesto que no somos la única Congregación en la Iglesia
cuyo objetivo apostólico es el "ministerio de la Palabra."
La Orden de los Predicadores (Dominicos) ha existido mucho antes que nosotros.
Y Ordenes como los Misioneros del Verbo Divino también son enviadas
a "predicar la Palabra de Dios a todos los pueblos." Ni tampoco
somos la única Congregación que ha hecho un hincapié
especial en la "predicación extraordinaria de la Palabra mediante
misiones y retiros." Basta mencionar a los Redentoristas y los Pasionistas,
entre otros. Entonces, ¿qué es lo que puede caracterizar el
ejercicio de la misión evangelizadora como Misioneros de la Sangre
de Cristo?
San Gaspar solía predicar con el crucifijo en la mano repitiendo a
menudo: "Nosotros predicamos a Cristo, y a Cristo Crucificado."
Cuando predicamos a Cristo, predicamos aquello por lo que Cristo fue crucificado!
En el Mensaje del Angelus de 2 de julio de 2000 el Papa Juan Pablo II invitó
a los fieles "a dirigir la mirada hacia la Cruz de Cristo, y contemplar
al Hijo de Dios, su Corazón traspasado, su Sangre derramada."
Y continuó diciendo que esa "Sangre no ha sido derramada en vano
sino que carga en sí todo el poder del amor de Dios, y es una promesa
de esperanza, rescate y reconciliación." Y al saludar a los miles
de peregrinos reunidos en la Plaza San Pedro para la celebración del
Jubileo del 1 de julio, dijo: "¿Cómo es que no siempre
podemos reconocer el valor de cada ser humano, siendo que por cada uno, sin
distinción, Cristo ha derramado su sangre?" La espiritualidad
de la Preciosa Sangre es la que inspira y orienta nuestra misión y,
por consiguiente, nuestro ministerio de la Palabra. En el corazón de
la Palabra que proclamamos está la afirmación de la "preciosidad"
de cada persona redimida en la Sangre de Cristo. Como misioneros de la Preciosa
Sangre, nuestras vidas deben dar testimonio de reconciliación, alianza,
cruz, afirmación, amor y aceptación.
Nuevos
areópagos
San Gaspar, nuestro Fundador, es para nosotros un ejemplo apostólico
extraordinario. "La conciencia que tenía de las condiciones y
necesidades de las personas de su época y su respuesta incondicional
a ellas deberían animar nuestras vidas" (C22). Para Gaspar, "la
predicación de misiones y retiros " era evidentemente el medio
más idóneo para responder a las necesidades de los tiempos en
los que vivía. Pero su ministerio no se limitó a esa forma particular
del ministerio de la Palabra que, por otra parte, fue adoptando diversas modalidades
en función de los desafíos particulares de cada nueva zona,
y de las diferentes culturas y situaciones históricas a los que tuvieron
que ir respondiendo los misioneros a lo largo de la historia de nuestra Congregación.
Esto nos ha permitido vivir en "fidelidad creativa" a nuestro carisma
fundacional. De hecho, la fidelidad depende de nuestra capacidad de descubrir
la fuente evangélica del carisma en circunstancias diferentes de aquéllas
en las que se manifestó inicialmente. La creatividad supone la capacidad
de captar en el presente las nuevas consecuencias del carisma original.
Como Congregación dedicada al Ministerio de la Palabra, la proclamación
explícita de ésta sigue siendo un imperativo, aunque se realice
de diferentes maneras según las circunstancias. No podemos seguir limitando
la proclamación de la Palabra al púlpito de la iglesia, o a
la forma de "misiones populares."
El Santo Padre, en la Redemptoris Missio, indica el mundo de la comunicación
como el primer areópago del tiempo moderno (#37c). Los medios de comunicación
social ejercen una influencia cada vez mayor, para bien o para mal, en la
formación de los pueblos, y deben utilizarse para trasmitir "la
Buena Noticia" en un lenguaje comprensible para la gente de hoy. Asimismo,
sería un grave error de nuestra parte ignorar los retos que nos plantea
la Internet, que es más que una simple invención tecnológica.
Es la difusión de una enorme cantidad de información e intercambio
de ideas. El"id y predicad el evangelio hasta los confines de la tierra,"
constituye en la actualidad un llamado a llegar hasta los rincones más
recónditos en los que se desarrollan las vidas de las personas y se
forjan, o deforman, sus valores! Los parques y plazas del tiempo de San Gaspar
se reemplazan hoy por otros "lugares de reunión", tales como
la "World Wide Web"!
En
este número
En la presente publicación se ofrece una exposición transversal
de las formas que emplean algunos de nuestros misioneros para responder a
los retos de los tiempos en su ministerio de la Palabra.
El p. Robert Schreiter da la tónica de la edición examinando
las consecuencias que entraña para el Ministerio de la Palabra la contextualización.
La evangelización tiene que ver esencialmente con la comunicación:
desde la comunicación de Dios a nosotros a través de su Hijo,
"la Palabra", hasta la tecnología moderna. El p. Chesco Msaga,
misionero en Tanzanía, analiza los desafíos que plantean los
medios de comunicación social a la evangelización del continente
africano y nos insta a desplegar esfuerzos en ese sector que influye tanto
en la forma de pensar de las personas. Puede ser un medio poderoso para la
trasmisión del mensaje evangélico.
A continuación, el p. Alois Schlachter, de la Provincia Teutónica
y miembro de un equipo misionero intercongregacional, centra la atención
en algunos de los desafíos concretos que representa el vivir el Ministerio
de la Palabra en las sociedades tan secularizadas de Europa Central. Insiste,
entre otras cosas, en la importancia del "testimonio de equipo"
en una sociedad individualista.
El p. Al Naseman, de la Provincia de Cincinnati, desde joven se sintió
atraído por la predicación de los Misioneros de la Preciosa
Sangre. Habiéndose dedicado a la predicación extraordinaria
de la Palabra durante muchos años, narra en su artículo algunos
aspectos prácticos del estar "en camino" como "misionero
itinerante."
Y, por último, el p. José Luis Morgado, joven sacerdote portugués
de la Provincia ibérica, indica algunos desafíos experimentados
en la evangelización de la juventud de hoy. Uno de ellos consiste en
proclamar el evangelio sin separar la fe de la vida. Nuestras vidas deberían
ser una invitación abierta a los jóvenes para que "vengan
y vean!"
Estos son sólo algunos ejemplos de cómo nuestros misioneros
están viviendo en todo el mundo el "objetivo apostólico"
de la Congregación a través del "ministerio de la Palabra."
En palabras de la Redemptoris Missio, "Existen muchos otros areópagos
del mundo moderno hacia los cuales debe orientarse la actividad misionera
de la Iglesia. Por ejemplo, el compromiso por la paz, el desarrollo y la liberación
de los pueblos; los derechos del hombre y de los pueblos, sobre todo los de
las minorías; la promoción de la mujer y del niño; la
salvaguardia de la creación, son otros tantos sectores que han de ser
iluminados con la luz del evangelio.." (RM 37c)
Como misioneros de la Sangre de Cristo, dedicados al Ministerio de la Palabra,
estamos llamados a permanecer abiertos y flexibles al leer los signos de los
tiempos y tratar de responder a los desafíos de la nueva evangelización.
Introducción: La Palabra en el mundo
El ministerio de la Palabra que asumimos como Misioneros de la Preciosa Sangre
tiene sus orígenes en la Palabra que desde el principio estaba con
Dios (Jn 1, 1-2), que Dios envió al mundo, y que se hizo carne y habitó
entre nosotros (Jn 1, 14). En estos versículos del Prólogo del
evangelio de Juan se encuentra resumido todo nuestro ministerio de la Palabra.
La Palabra de Dios ha estado con Dios desde el principio, y a través
de la Palabra Dios creó el mundo (Gn 1, 3; Jn 1, 3). Aunque Dios envía
la Palabra al mundo en la Segunda Persona de la Trinidad, en cierta manera
la Palabra ya estaba en el mundo porque éste fue creado a través
de la Palabra. El hecho de que esta Palabra enviada al mundo toma carne, es
decir toma la forma del mundo, significa que la Palabra no es ajena al mundo,
porque fue a través de la Palabra cómo se hizo el mundo. Que
la Palabra tome carne significa que el mundo se une a la Palabra de Dios-Palabra
de vida eterna (cf. Jn 6, 68)-de una manera nueva y especial.
¿Qué significa todo esto para nuestro ministerio como Misioneros
de la Preciosa Sangre? En primer lugar, que nuestro ministerio de la Palabra
no asume una sola modalidad, como si la Palabra de Dios pudiera estar presente
en el mundo sólo en una forma. Todo el sentido de la encarnación
de la Palabra es que el mundo entero se una más íntimamente
con su Creador mediante la Palabra que reconcilia toda la Creación
con Dios. Para nosotros, como misioneros C.PP.S., esa reconciliación
se realiza más claramente en el derramamiento de la sangre de Cristo,
la sangre de la cruz que hace la paz entre Dios y el mundo (Col 1, 20). En
segundo término, significa que en nuestro ministerio de la Palabra
siempre estamos tratando de descubrir la manera específica en la que
el mundo necesita escuchar la Palabra redentora para entrar en el círculo
de la Trinidad Bendita de una manera más real e íntima. Ya que
la Palabra cumple su misión no sólo cuando se la proclama, sino
especialmente cuando es escuchada, porque en esa escucha se establece la relación
entre la Palabra y el mundo.
Así, pues, nuestra participación en el ministerio de la Palabra
puede exigirnos diversas formas de ministerio, según las modalidades
en las que el mundo necesita escuchar la Palabra-en cuanto Palabra redentora
de la sangre de Cristo-en un determinado tiempo y lugar.
El ministerio de la Palabra como misión
En el número siete de El Cáliz de la Nueva Alianza se examinaron
las formas en las que la C.PP.S. es misionera. Allí se señalaba
que una gran parte de nuestro trabajo cae bajo lo que el Papa Juan Pablo II
ha llamado la Nueva Evangelización, o sea, la renovación y formación
del Cuerpo de Cristo, tanto dentro de la Iglesia misma como especialmente
en aquellas partes del mundo que de alguna manera ya han aceptado el cristianismo.
También participamos en lo que se llama la primera evangelización,
o sea, la predicación de la Palabra allí donde nunca se la ha
escuchado antes. La labor de los Vicariatos tanzaniano y brasileño
o de la delegación india es un ejemplo de esto. En ese número
de El Cáliz se ofrecían algunas oportunidades para reflexionar
sobre nuestro ser misionero en esas diferentes situaciones.
En el presente artículo, quisiera desplazar un poco el enfoque hacia
el ministerio de la Palabra de la C.PP.S. tal como se ha realizado históricamente
y como se vive en la actualidad.
El ministerio de la Palabra en la historia de la C.PP.S.
Para San Gaspar y durante la fundación de la C.PP.S el ministerio de
la Palabra más importante fue el de las misiones populares predicadas
en las parroquias y ciudades de los estados pontificios. Expresado en términos
actuales, ese ministerio de la Palabra constituía una realización
por excelencia de la nueva evangelización. La misión popular,
que tenía por objeto la renovación de la fe en todos los sectores
y dimensiones de una parroquia o comunidad más amplia, la consideramos
como el sello del don especial de San Gaspar a la Iglesia y a nosotros. En
las Constituciones (C1), se dice que "Viviendo juntos en casas de misión,
ellos [San Gaspar y sus seguidores] eran una fuente de continua renovación
para los sacerdotes y el pueblo, principalmente mediante la predicación
de misiones y retiros. En este núcleo ha tenido su origen la Sociedad
de la Preciosa Sangre, y de él deriva su espíritu."
Pero, por más central que haya sido y continúe siendo esta forma
del ministerio de la Palabra, nunca fue la única definición
de misión para los misioneros. En 1825, San Gaspar examinó seriamente
la posibilidad de enviar miembros de su Instituto a Ischia como misioneros
extranjeros. El ministerio en Santa Galla era algo que apreciaba especialmente,
e instaba a los misioneros a que nunca olvidaran esa obra tan importante.
El primer desplazamiento significativo de la C.PP.S. fuera de la península
italiana llevó a los misioneros a circunstancias completamente diferentes:
los territorios de frontera de los Estados Unidos. Allí el ministerio
de la Palabra los llamó a crear la infraestructura de la Iglesia misma
más bien que renovar una Iglesia ya implantada desde hacía mucho
tiempo. Desde las casas de misión de Trois Epis y Baumgaertle en Europa,
y la Casa del Sol en España, los misioneros pasaron a las escuelas
y a los ministerios parroquiales sin dejar los ministerios más tradicionales
de las misiones y los retiros. El llamamiento del Papa Pío XII pidiendo
misioneros para América Latina con el fin de combatir el comunismo
y la proliferación de sectas protestantes llevó a la C.PP.S.
a esa región del mundo en los años cuarenta y cincuenta.
Todo esto para decir que a medida que fueron cambiando las circunstancias
en Europa y las Américas también el ministerio de la Palabra-es
decir, cómo debía ser escuchada la Palabra-necesariamente tuvo
que incorporar nuevas formas a las que ya eran familiares a la C.PP.S.
El ministerio de la Palabra en la C.PP.S. hoy
Hoy la C.PP.S. se encuentra en unos dieciocho países. Y dentro de esos
países existe una gran variedad de circunstancias que exigen un ministerio
de la Palabra realizado en formas diferentes. Las parroquias, que en algún
momento pueden haber sido las estructuras eclesiales que requerían
mayor renovación, se han convertido hoy en los medios mejores para
crear nuevos ministerios de la Palabra. El flujo migratorio mundial ha convertido
a los inmigrantes en un locus importante para el ministerio en Canadá,
Portugal, los Estados Unidos e Italia. Proclamar la Palabra de reconciliación
en países desgarrados por la guerra, tales como Croacia y Guinea-Bissau,
presenta nuevos desafíos. La participación en lo que la Iglesia
llama "el diálogo de vida" y "el diálogo de la
acción social" es algo central en el ministerio de la C.PP.S.
en la India, donde no se permite la proclamación directa. Y como lo
muestran los artículos de los PP. Schlachter y Morgado publicados en
este número, la juventud tiene un lugar especial en los ministerios
de la palabra realizados en un mundo que es objeto de rápidas transformaciones.
Cuando la C.PP.S. examina su ministerio en lugares en los que ha trabajado
durante mucho tiempo, y cuando busca nuevos ámbitos en los cuales trabajar,
puede utilizar como guía las preguntas planteadas al comienzo de este
artículo: ¿Dónde se está encarnando hoy la Palabra?
y ¿cómo necesita el mundo escuchar la Palabra de Dios en este
tiempo y lugar específicos?
Iglesia
y Comunicación
por Chesco Msaga, C.PP.S.
Introducción
Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos
a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que
yo os he mandado (Mt 28, 18-20). Con estas palabras nuestro Señor Jesucristo
encargó a los primeros discípulos y, por extensión, a toda
la Iglesia, que proclamaran la Buena Noticia de la salvación al mundo
entero. En todas las épocas y entre las diferentes razas la Iglesia ha
tratado de permanecer fiel al mandato divino utilizando los medios de comunicación
más apropiados.
Desde el principio ha sido una característica de Dios el querer comunicarse.
Lo que realiza por diversos medios. Entra en relación con los seres humanos
de una manera muy especial. De muchos modos habló Dios en el pasado a
nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos
ha hablado por medio del Hijo (Hb 1, 1-2). Jesús refleja la perfección
divina y cumple la voluntad del Padre de comunicarse. Habló como jamás
un hombre había hablado (cf. Jn 7, 46), y predicó la conversión
total de sus contemporáneos para que pudieran ser imagen y semejanza
de Dios en el alma y en el cuerpo.
Comunicación
moderna y servicio al evangelio
El desarrollo tecnológico realizado en el siglo pasado en el ámbito
de la comunicación ha sido espectacular. Ha habido grandes adelantos
especialmente en los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión,
cine y ahora la Internet), y en los medios de comunicación grupal (materiales
audiovisuales, cassettes, transistores, vídeos, etc). La información
se ha hecho más abundante y especializada, ya que incluye no sólo
la crónica de los acontecimientos sino también su interpretación
crítica. Los medios influyen profundamente en el modo de pensar y sentir
de la gente, y en sus opciones.
La Iglesia reconoce la necesidad e importancia de estos medios modernos de comunicación
para una difusión eficaz del evangelio. El mandato de Cristo es llevar
la Buena Noticia hasta los confines de la tierra. Para ello la Iglesia debe
utilizar los medios más eficaces que se encuentran a disposición
para poder responder a las preguntas del hombre contemporáneo, suscitar
su interés, y ayudarle a descubrir el mensaje de salvación a través
de la pobreza de las palabras humanas. El Papa Pablo VI reconoció la
importancia de los medios de comunicación social cuando escribió:
"En nuestro siglo, influenciado por los medios de comunicación social,
la Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos
medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más, con objeto
de proclamar el misterio de nuestra fe" (Evangelii nuntiandi, 45).
Por consiguiente, se insta a todos los miembros de la Iglesia a que de común
acuerdo y con propósito común se esfuercen para que los medios
de comunicación social se utilicen eficazmente en las múltiples
obras de apostolado, según lo exigen las circunstancias de tiempo y situación
(Inter mirifica, 13). Ya que "sería difícil pensar que se
pudiera cumplir el mandato de Cristo si no se utilizaran todas las oportunidades
que ofrecen los medios modernos para llevar a un número grande de personas
el anuncio de su Buena Nueva" (Communio et progressio, 26).
El poder de los medios modernos ha quedado demostrado particularmente en el
pontificado del Papa Juan Pablo II. La cobertura dada por los medios a sus viajes,
alocuciones, encíclicas y otros escritos ha permitido a millones de personas
conocer la opinión de la Iglesia sobre muchas cuestiones, y en tiempos
muy cortos.
La situación actual en Africa
En Africa, la situación respecto a la utilización de las comunicaciones
sociales difiere de un país a otro. En algunos países las autoridades
civiles controlan los medios y la Iglesia no los puede usar. En otros, aunque
existe también un control, la Iglesia tiene acceso para algunos programas
y en determinadas horas. Otros (muy pocos en este momento) reconocen la libertad
religiosa y el derecho de utilizar los medios de comunicación social,
pero las limitaciones financieras de la Iglesia y la falta de personas competentes
no permiten aprovechar totalmente esta oportunidad. Por eso, muchas personas
de Iglesia que se han capacitado como comunicadores profesionales en los últimos
veinte años han terminado trabajando en otros apostolados. Hay también
una tendencia general a pasar por alto el laicado católico capacitado
profesionalmente que estaría dispuestos a aportar su talento y esfuerzo
si se le permitiera y se le alentara a ello.
Los medios deben utilizarse no sólo para propagar el mensaje cristiano
y la enseñanza auténtica de la Iglesia. Se los necesita también
para integrar el mensaje en la nueva cultura creada por las comunicaciones modernas.
Esto requiere un cambio de actitud por parte de la Iglesia, para que los medios
puedan satisfacer la necesidad que la gente y las culturas tienen de entrar
en diálogo con el mundo contemporáneo y la promoción humana.
Los africanos contemporáneos tienen acceso a diferentes formas de medios
de comunicación social y en diversa medida. Los periódicos tienen
un valor relativo, porque muchos africanos no son lo suficientemente instruidos
como para aprovechar los artículos buenos que aparecen. Los que los leen
son a menudo la élite de la sociedad, la que formula las políticas
que influyen sobre el resto de la población. Elites que se convierten
por eso mismo, aún inconscientemente, en potenciales mensajeros del evangelio.
La televisión todavía es considerada como un lujo en las zonas
rurales y como algo que se pueden permitir las personas acomodadas. En las ciudades,
la situación es diferente. Aquí también su influencia sobre
las élites hace que sea un recurso posible para elaborar las políticas
públicas.
La radio es el medio moderno de comunicación más difundido. El
costo de una pequeña radio a transistor está cada vez más
al alcance del común de los campesinos. Por lo que se refiere a las emisoras
católicas, hay muy pocos países que las tienen. En Tanzanía,
por ejemplo, hay sólo cuatro.
A causa de la presión externa ejercida por el Fondo Monetario Internacional
y el Banco Mundial, y del colapso del comunismo en Europa oriental, existe ahora
una mayor libertad para la participación de privados en los medios electrónicos.
Al menos, es algo que se está incluyendo en las constituciones de muchos
países. Gracias a esta nueva apertura, en muchos países la Iglesia
está creando sus propias emisoras. UNDA, la asociación católica
internacional para las comunicaciones sociales ha estado aconsejando a la Iglesia
que establezca emisoras y, en algunos casos, ha ayudado a buscar fondos para
esos proyectos.
La Iglesia y los medios de comunicación social
hoy
En los documentos oficiales publicados desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia
ha reconocido la importancia de utilizar todos los medios posibles de comunicación
para propagar la Buena Noticia. Ha tomado nota cada vez más, especialmente
del posible impacto de los medios en su misión. En Evangelii nuntiandi,
por ejemplo, se los considera capaces de potenciar casi indefinidamente la capacidad
de propagar la Palabra de Dios. Permiten que la Palabra de Dios llegue a millones
de personas. Sin embargo, hay una cualidad especial y un desafío que
deben ser tenidos seriamente en cuenta al entrar en los medios de comunicación
social: "el mensaje evangélico deberá, sí, llegar
a través de ellos [los medios de comunicación social] a las muchedumbres,
pero con capacidad para entrar en las conciencias, para posarse en el corazón
de cada hombre en particular, con todo lo que éste tiene de singular
y personal, y con capacidad de suscitar en favor suyo una adhesión y
un compromiso verdaderamente personales" (45).
Esto toca la vocación de los que se ocupan de producir y difundir materiales
a través de los medios. Hablo en este caso como comunicador y como sacerdote.
El principio de encarnación de la comunicación exige inevitablemente
un "testimonio de vida." Como comunicador, el sacerdote debe ser un
signo comprensible y auténtico de la persona y del mensaje que proclama.
Para comunicar la palabra de Dios con credibilidad, debe encarnarla en su vida.
Evidentemente, debe haber una relación vital, una coherencia profunda
entre el comunicador y el mensaje, de tal manera que el destinatario pueda sentir
que el comunicador ha tocado y vivido personalmente lo que comunica.
En Evangelii nuntiandi, el Papa Pablo VI indicó el testimonio de vida
como el primer medio de evangelización. Señaló que el hombre
contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que
a los que enseñan, y si escuchan a los que enseñan es porque dan
testimonio (41). Lo que Pablo VI dice de la Iglesia en general se aplica de
manera especial al sacerdote en cuanto comunicador principal de la parroquia.
Da testimonio ante la parroquia y el mundo en general principalmente con su
conducta y su vida, es decir mediante su testimonio de pobreza y desapego, de
libertad ante los poderes de este mundo-en una palabra, de santidad (41). En
ninguna otra parte es tan cercano a la gente este testimonio como en esa unidad
tan pequeña y tan expuesta a la mirada de todos que es la parroquia,
en la que la gente vive codo a codo con sus sacerdotes.
Esta cercanía entre el sacerdote y los feligreses debería, sin
embargo, llevarlo a conocer las expectativas, experiencias y deficiencias de
su gente. A causa del "efecto de grupo" de una parroquia, el sacerdote
debe conocer lo que su gente lee, ve, y escucha en los medios de comunicación
social a medida que les van llegando y van formando parte de su vida diaria.
Conclusión
La información y la comunicación están cambiando drásticamente
el mundo en el que vivimos. En vez de crear un sentido de pertenencia y solidaridad,
la comunicación pública tiende actualmente a reforzar la división,
aumentar la brecha entre ricos y pobres, consolidar la opresión y falsear
la realidad. Y esto mediante una manipulación de los medios orientada
a mantener un sistema de dominación y a silenciar a las masas. A pesar
de ello, la comunicación sigue siendo un don de Dios a la humanidad,
sin el cual no podemos ser verdaderamente humanos ni reflejar la imagen de Dios
(cf. Gn 1, 26). Ni podríamos gozar de la posibilidad de vivir juntos
en grupos, comunidades y sociedades, sumergidos en diferentes culturas y formas
de vida.
La evangelización es un proceso de comunicación. En nuestros días
es inconcebible que un programa de evangelización ignore los medios de
comunicación social.. En efecto, la utilización de dichos medios
es tan válida como urgente.
Válida, a causa del innegable impacto que los medios ejercen en la vida
de la sociedad. Crean una cultura realmente nueva y son, por lo tanto, el vehículo
de nuevos modelos culturales. Influyen tanto sobre individuos como sobre poblaciones
enteras. Si la Iglesia no echara mano de ellos se privaría de un instrumento
poderoso para trasmitir su mensaje.
Urgente, porque no hay nada que pueda reemplazar a estos medios en cuanto vehículo
para comunicar la Buena Noticia y la enseñanza auténtica de la
Iglesia. Si la Iglesia no los utiliza, corre el riesgo de perder la influencia
que ya ejercen sobre las masas, y que los políticos y otros grupos religiosos
saben cómo aprovechar.
Predicar
la Palabra de Dios
en una sociedad secularizada
por Alois Schlachter, C.PP.S.
Entre 1993 y 1999
participé en veintrés misiones parroquiales: diecinueve en Alemania,
tres en Austria, y una en Italia. Cinco de éstas eran "misiones
C.PP.S." ; las otras se realizaron junto con miembros de otras congregaciones
religiosas (Redentoristas y Dominicos). Las misiones parroquiales nunca han
sido mi único ministerio, ya que al mismo tiempo trabajaba como teniente
cura, en la pastoral juvenil y en un santuario para peregrinos.
Desafíos
de una sociedad secularizada
¿Qué "desafíos" he experimentado en estos años?
En las misiones parroquiales nos limitábamos a invitar a las personas
a participar en la Eucaristía y escuchar la homilía, y realizábamos
otros servicios programados para la misión. Me viene sobre todo a la
mente el modelo de los "cristianos prácticos", que van a misa
todos los domingos. Debo admitir sinceramente que en nuestras misiones parroquiales
llegábamos principalmente a los que ya iban a la Iglesia y no a los que
vivían distantes de la vida parroquial.
En mi opinión, nuestro contacto más directo con la "sociedad
secularizada" se realizaba en nuestro trabajo con los niños y la
juventud. Si había un jardín de infantes en la parroquia, no me
limitaba a visitar a los niños que estaban allí sino que invitaba
a sus padres para una reunión vespertina, casi siempre con sus hijos.
El tema que solíamos desarrollar era: "Cuando los niños preguntan
sobre Dios." Eran reuniones muy frecuentadas. No costaba nada pasar de
las preguntas de los niños a las preguntas y los problemas de los "adultos".
Así, por ejemplo, una señora proveniente de la ex Alemania oriental
contaba que le era difícil hacer crecer "en la fe" a su hijo
dado que ella misma no había tenido esa experiencia y su marido era indiferente
o incluso hostil a la idea.
Me gustaba ir a las escuelas que había en la parroquia. Para los alumnos,
tratar personalmente con un "Padre" era en cierto sentido como un
desafío. Muchos niños y jóvenes sólo conocían
a un sacerdote o a una monja a través del cine o la televisión,
o a través de su aparición en anuncios comerciales de cervezas,
pizzas, etc.. No que me dedicara yo a "vender" mi propia historia,
pero para muchos de ellos mi vida misma les suscitaba todo tipo de preguntas
aún antes de que yo empezara a hablar.
Un desafío doble: para la mente y el corazón
De esta forma llegaba a predicar más directamente la Palabra de Dios.
Esto significó un "doble desafío en una sociedad secularizada":
para las personas con las que nos encontrábamos (el desafío de
un testimonio existencial y personal), y también para los misioneros.
Soy consciente, por supuesto, que en muchos casos faltaba un conocimiento de
la Fe, pero yo siempre decía a mis compañeros de misión
que en un sermón lo que más importaba no era la enseñanza
que se trasmitía cuanto el testimonio personal que se trasmitía.
Es lo que el Papa Pablo VI dijo en una alocución dirigida el 2 de octubre
de 1974 a los miembros del Consejo Pontificio de los Laicos, y también
en 1975 en su Exhortación Apostólica "Evangelii nuntiandi":
"El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan
testimonio que a los que enseñan, y si escuchan a los que enseñan
es porque dan testimonio." Un texto que se cita frecuentemente, pero no
siempre logra pasar de la mente al corazón de "los que enseñan."
Todo esto lo descubrí en una misión parroquial realizada al final
de 1999. Habíamos organizado para los jóvenes y los adultos jóvenes
un programa intitulado "La Fe: ¿también tú crees?",
que se realizó en forma de foro abierto o programa de entrevistas. En
el escenario estábamos yo, un pastor luterano, un laico católico
del centro de evangelización, una periodista que se profesaba cristiana,
y tres miembros de iglesias no confesionales. Cuando uno de estos últimos
dio testimonio de la experiencia concreta de su relación con Jesús,
la atención del público creció al máximo. Me acordé
de la observación de Karl Rahner: "El cristiano de mañana
o será un místico o no será nada." En último
término, no importa tanto lo que uno sabe cuanto el tipo de experiencias
que tiene. Mientras pensaba esto descubrí un sentido nuevo a la definición
que San Gaspar dio del misionero en su décima Carta Circular (1836):
¿Quién es el misionero? Alguien enviado por Dios para dar a conocer
la salvación (cf. Lucas 1, 77)." "Salvación" significa
aquí una realidad englobante-no meramente algo dirigido a la mente, sino
también al corazón.
Esto tiene, entre otras cosas, consecuencias muy prácticas. Para uno
mismo, significa que la proclamación de la Palabra tiene que tocar también
los sentidos. Cosa que San. Gaspar tuvo ciertamente en cuenta en su época.
Aunque no se trata de imitarlo al pie de la letra, es importante tratar de llegar
también en nuestro tiempo a interesar los sentidos. Cuando hablamos de
"celebrar nuestra fe" durante una misión, esa "celebración"
tiene que ser algo que la gente pueda sentir.
Sobre todo en la pastoral con los niños. Durante la misión siempre
me aseguraba de que en el tiempo dedicado a los niños por las tardes
se pudiera hacer alguna actividad creativa. Cada niño debía trabajar
en un pequeño grupo para crear una "obra de arte". Esto no
sólo ponía en juego los sentidos, sino que también podía
ser la ocasión para que comenzaran a "realizar una experiencia."
Al menos yo trataba de darles esa posibilidad.
El testimonio de comunidad de los misioneros
Por último, quisiera señalar un aspecto especialmente palpable
del testimonio que podemos dar los misioneros. Impacta mucho el hecho de trabajar
juntos, como equipo. Debido probablemente al individualismo generalizado de
nuestra cultura. Por esa razón, al proclamar la Palabra de Dios siempre
consideré como uno de los desafíos mayores el atender especialmente
a los otros miembros del equipo misionero y a la misma comunidad parroquial.
No pocas veces la gente de las parroquias me preguntaba cómo nosotros-miembros
de diferentes congregaciones religiosas-podíamos trabajar juntos tan
bien.
Una característica especial de esta comunidad que teníamos entre
nosotros, especialmente cuando yo dirigía la misión, era el tiempo
que dedicábamos a orar juntos y a compartir experiencias. Era al menos
tan importante como el tiempo empleado en las otras actividades propias de la
misión. En la misión era tan importante llevar a un miembro del
equipo misionero al pueblo vecino para hacerse atender por un dolor de muelas
como dedicar ese tiempo a preparar un sermón o una reunión con
los niños. En el artículo 49 de las Costumbres de los Misioneros
de la Preciosa Sangre en Polonia (1992) se lee: "El misionero mejor no
es el que habla o viaja más, sino el que más ama."
Sigue
la corriente:
La vida de un misionero itinerante
por Al Naseman, C.PP.S.
En un reciente dibujo animado se veía a un hombre en el infierno, y una
leyenda que decía: "Mi lema era 'sigue la corriente', pero no tenía
idea de que la corriente llevara aquí." También nuestro lema
como C.PP.S. es "sigue la corriente "-pero para nosotros se trata
de la corriente de agua de vida que brota del trono de Dios y del Cordero:
Luego un ángel me mostró el río de agua de vida, brillante
como el cristal, que brotaba del trono de Dios y del Cordero. En medio de la
plaza, a una y otra margen del río, hay árboles de vida, que dan
fruto doce veces, una vez cada mes; y sus hojas sirven de medicina para los
gentiles. (Ap. 22, 1-2)
Podríamos ver en esta corriente el ministerio de la predicación
de la C.PP.S.. Cuando era muy joven tuve oportunidad de conocerlo cuando los
misioneros C.PP.S. visitaban mi parroquia de Dayton, Ohio, y predicaban sermones
llenos de vida. Hasta el día de hoy escuchar la predicación de
un misionero me sirve de "medicina espiritual". Cada misionero es
una tesela reluciente de nuestro mosaico común con el que representamos
el desbordante amor de Dios.
Los misioneros me arrastraron como una corriente poderosa. Ordenado en 1967,
dediqué mis primeros años de C.PP.S. a la formación y la
pastoral vocacional, que constituyeron la primera parte de una vida consagrada
al ministerio de la Palabra. Desde 1985, mi ministerio fue el de predicador
itinerante, del que hablaré a continuación. Se ha dicho que un
cuadro equivale a mil palabras. Aprecio mucho el arte, pero debo decir que también
es verdad lo contrario: mil palabras equivalen a un cuadro.
Divulgando la Palabra
Imaginemos un equipo atlético que tuviera que jugar siempre como visitante.
Sería una gran desventaja. Mi ministerio de la predicación como
misionero C.PP.S. me coloca siempre en camino. Sin embargo, siento que con la
Palabra de Dios tenemos la ventaja de jugar siempre como locales. Jesús
dijo que el que deja su casa por el evangelio encontrará cientos de hogares
en el camino.
Pero nunca nos quedamos en casa por mucho tiempo. Si el ministerio parroquial
podría compararse con una novela, una misión o un retiro serían
como una historieta. Si el ministerio parroquial es una comida completa, el
ministerio de la predicación es un bocado. Si el ministerio parroquial
es la luna, el ministerio de la predicación sería, quizás,
un meteorito fugaz pero siempre intenso y brillante.
Evangelizar
con un coche cargado de objetos
Para una misión parroquial bastaría llevar las cosas habituales:
medias, ropa interior, pantalones y atuendos clericales. Pero yo cargo el coche
con Biblias, libros, carteles, astas, volantes, folletos, títeres y máscaras,
piezas e instrumentos musicales, rosarios, afiches, medallas y, si es posible,
el retrato de Jesús de 1,60 x 2,.20 m. que siempre tengo conmigo. Jesús
dio instrucciones a los primeros misioneros de que no llevaran más que
un bastón y sandalias. Una versión moderna de la exigencia de
Jesús tal vez podría incluir un coche. Pero, ¿qué
decir de todas las otras cosas que yo cargo en él?
Por suerte, en el Rebelde obediente, la historia del Beato María de Mattias,
descubrí algo acerca del método misional de San Gaspar: "El
canónigo Del Bufalo llegó al frente de una verdadera caravana
de hombres y equipos. Su metodología, diferente de los métodos
tradicionales, era una máquina perfectamente organizada y multifacética,
coreografiada por fuera pero interiorizada."
¿Será que mi espíritu es semejante al de San Gaspar?
Salsa de tomate en la heladera, una víbora de
cascabel en el garaje
Dice San Pablo en Filipenses 4, 12: "Sé vivir con estrechez y sé
tener abundancia." Una lección que los predicadores itinerantes
tenemos que aprender constantemente.
Una vez llegué a una parroquia en la zona desolada de la Pradera para
reemplazar al párroco que se había ido por una semana. Lo consideraba
una cosa justa, ya que en esos lugares difícilmente consiguen los párrocos
a alguien que los reemplace para que puedan ausentarse por un tiempo. Pero el
problema era que no había dejado provisiones. En la heladera no había
más que una botella de salsa de tomate, en avanzado estado de descomposición.
En cambio, en una misión realizada no mucho después me tocó
comer en un restaurant rotatorio ubicado en el 32° piso de un rascacielo.
El elegante restaurant no tenía precios en el menú, y el párroco
y tres parroquianos me trataron a cuerpo de rey.
Un día, en una parroquia situada en la parte occidental de los Estados
Unidos abrí la puerta del garaje y me encontré con que el espacio
para estacionar ya estaba ocupado-por una víbora de cascabel!
Una vez en Virginia oeste, dormí la primera noche en una antigua parroquia
victoriana. La puerta de la habitación no se cerraba del todo. Durante
la noche, el enorme perro del párroco empujó la puerta y se catapultó
sobre la cama. A la mañana siguiente el párroco me preguntó
cómo había dormido. Le mencioné lo del perro, y me dijo
"Ah, disculpe, lo que pasa es que cuando no hay nadie ésa es la
cama del perro..."
Considerados como dioses
La gente, al ver lo que Bernabé y Pablo hacían empezaron a gritar:
'Los dioses han bajado hasta nosotros en figura de hombres!' Bernabé
y Pablo gritaron: '¿Por qué hacéis esto? Nosotros somos
también hombres, de igual condición que vosotros, que os predicamos
que abandonéis estas cosas vanas y os volváis al Dios vivo.' (Hch
14, 11-15).
Los misioneros recibimos tantos elogios: "Ud. habría sido un gran
padre." "Se parece tanto a Gaspar." "Me encanta su voz."
Existe el peligro de centrar la atención en nosotros mismos más
que en Jesús, que se entrega totalmente a nosotros.
Comencé a escucharme demasiado a mí mismo una vez que visité
un jardín de infantes durante una misión parroquial. Les estaba
contando a los niños una de mis historias favoritas. Había una
niña sentada frente a mí, totalmente embelesada, que no dejaba
de mirarme. Apenas terminé de contar el cuento, su mano se alzó
como un resorte porque quería decir algo. Sentí una gran satisfacción,
y jactanciosamente pensé para mis adentros: "Esto va a estar bueno!"
Pero su pregunta fue: "¿Por qué tiene los dientes tan torcidos?"
Suficiente para hacerme aterrizar.
Siempre recibo cartas. De un parroquiano de Missouri: "Quiero que sepa
que Ud. ha tocado mi vida y la de mis tres hijos. El que está en quinto
grado no veía la hora de que llegara la función vespertina. Y
los tres comentaban durante la cena sus visitas a la escuela."
De Pensilvania : "Nunca converso con el predicador del retiro porque me
cuesta mucho hablar de cosas personales y revelar mis sentimientos. Pero Ud.
era tan humano y accesible que valió la pena haberlo intentado."
De Indiana: Un hombre de robusta contextura admitía que le gustaba trabajar
en los bares como guardián del orden. Pero en la misión parroquial
se dio cuenta que quería dejar algo más a su hijo. Y así
abandonó su trabajo, volvió a frecuentar la iglesia, y llegó
a ser ¡entre otras cosas! alguien que a la puerta de la iglesia recibía
a la gente que llegaba. Pero, de todas maneras, guay si alguien no se comportaba
bien en la iglesia!
Las palabras de Marcos 4, 26-27 resumen los éxitos que los predicadores
itinerantes podemos experimentar en el camino: Así es el reino de Dios,
como cuando un hombre siembra la semilla en la tierra; él duerme de noche
y se levanta por la mañana y la semilla germina y va creciendo, sin que
él sepa cómo.
El ministerio del adiós
Después de "Mamá" , "Papá" y "no,"
una de las primeras palabras que aprendemos es "adiós." Y está
bien. Adiós es la última palabra que decimos, y entre tanto, nuestra
vida es una serie inexorable de despedidas: a la familia, a los niños,
a los jóvenes, a planes, al país, a la comodidad, a la salud,
a la vida.
William Shakespeare sugirió que "Separarse es un dulce dolor."
Si es así, el misionero lo ha acumulado en gran cantidad porque es de
los que más parten.
Es verdad, el dolor puede ser dulce. Cuando pensamos en San Pablo, no lo imaginamos
ciertamente como alguien aficionado a besos y abrazos, pero recordemos esta
despedida que se narra en Hch 20, 36-38
Cuando terminó de hablar se puso de rodillas con todos y rezó.
Todos lloraban mucho y, abrazando a Pablo, lo besaban; lo que más pena
les daba era lo que había dicho de que no volverían a verlo. Luego
lo acompañaron hasta el barco.
Esta escena se reproduce muchas veces en la vida de un misionero itinerante.
Una vez durante una misión parroquial en el sur de los Estados Unidos
me encontré con un parroquiano dispéptico. Estaba muy serio durante
la primera noche, y lo mismo la segunda. En la tercera noche alcancé
a escuchar que se quejaba por toda la confusión que se había creado
cuando todos habían empezado a abrazarse al final de la presentación.
La cuarta noche parecía más enojado todavía. En la última,
sin embargo, se acercó a nosotros y dijo: "No tengo palabras para
decirles lo que la misión significó para mí. No se me ocurre
otra forma de agradecerles que dándoles un gran abrazo." Y nos abrazó
llorando.
El amor nunca es tan intenso como cuando tenemos que despedirnos. Y, ¿no
es ese amor una de las piedras angulares de la espiritualidad de la Preciosa
Sangre? Ese es el amor que tratamos de enseñar en la predicación
misionera, un río de agua viva. Y la corriente sigue su curso.
Introducción
Hablar
de jóvenes y pastoral juvenil no es difícil, además los
recursos bibliográficos son abundantes en las mas variadas vertientes:
desde las estadísticas, pasando por las reflexiones de carácter
general hasta la manera como los jóvenes se sitúan delante de
la Iglesia. Mas difícil es reflexionar en torno al tema propuesto para
este artículo, sin embargo intentaré poner en el papel aquello
que la propia experiencia de trabajo con jóvenes me ha brindado principalmente
en estos últimos años. Esa es la fuente principal, aunque también
he tenido como punto de referencia algunos autores y la Sagrada Escritura. Consciente
de que nuestra revista es leída por personas integradas en sistemas culturales
y eclesiales diferentes de aquél donde nos situamos nosotros en Portugal,
me gustaría ofrecer en primera instancia una panorámica en trazos
muy generales del tipo de jóvenes con los cuales trabajamos, para pasar
a apuntar seis desafíos, terminando con la conclusión.
Los
Jóvenes Portugueses y la Iglesia
Un estudio
reciente hecho en Portugal muestra que 28,9% de los jóvenes se dicen
católicos practicantes; 47,7% se dice católico no practicante;
12,8% se dice ateo y 10, 6% se dice situar en otra posición. Así,
cerca de 76% de los jóvenes de Portugal se asumen como católicos,
aunque menos de 30% sean practicantes.
Los números muestran que nuestras prédicas llegan a un número algo reducido de jóvenes, sin embargo y dejando los números de parte creo que en Portugal hay un despertar religioso en los jóvenes, una búsqueda de Dios. Se habló mucho en los últimos tiempos de la secularización, del rechazo de Dios, de que la Iglesia se muere poco a poco por falta de iniciativa, por el aislamiento y alejamiento respecto a la sociedad moderna y por la población envejecida y acostumbrada a prácticas tradicionalistas. Sin embargo creo que entre los jóvenes hay una búsqueda creciente de Dios unida a la voluntad de rechazar un mundo que ofrece criterios que no les satisfacen y que les dejan angustiados y desorientados, viviendo una vida vacía de valores y sin horizontes que abran perspectivas de felicidad y salvación. Por todo ello el joven se acerca a la Iglesia y a Dios no por la vía tradicional, como en otros tiempos, pero sí abierto a lo novedoso y esperando una respuesta a sus inquietudes y planteamientos.
Para ello contribuyen de forma muy positiva los movimientos que surgen cada vez con más fuerza en el seno de la Iglesia a par de la pastoral parroquial y diocesana bien estructurada y delineada, aunque faltan todavía estructuras y medios para alcanzar con éxito los objetivos, constituyendo esto también un desafío en la Pastoral Juvenil. Pensemos, un momento, en la acogida que muchas comunidades parroquiales, por ejemplo, ofrecen a los jóvenes.
Observemos ahora algunas actitudes bien distintas entre los jóvenes portugueses. En primer lugar podemos hablar de jóvenes alejados de la iglesia y de la fe, esta es la categoría más numerosa. En segundo lugar se puede hablar de jóvenes abiertos al hecho religioso, son jóvenes abiertos a un cierto tipo de participación, aunque no se quieran comprometer de lleno. En tercer lugar están los jóvenes que tienen solamente la práctica religiosa, o sea, no tienen otro tipo de motivación, tan sólo cumplen lo que manda la tradición. Su vida de cristianos funciona más por hábitos que por una expresión consciente de la búsqueda de Dios y de la llegada del Reino. Son jóvenes sin gran madurez cristiana y constituyen una gran parte de los jóvenes con los cuales trabajamos. Por fin hay una categoría de jóvenes, que son los comprometidos, éstos son sin duda una fuente de esperanza. Para estos jóvenes la fe es un don.
Desafíos
Cuando
hablamos de desafíos en la predicación de la Palabra de Dios,
creo que hay que tener en cuenta el tipo de joven a quien nos dirigimos, porque
ello supone desafíos diferentes. Tenemos por lo tanto que delimitar el
terreno, en este caso yo lanzaré algunas ideas teniendo en cuenta el
tipo de jóvenes con los cuales nuestra Congregación trabaja en
Portugal: jóvenes con práctica religiosa tradicionalista, una
vez que nos situamos en el trabajo parroquial, aunque en algunos casos se trabaje
también con jóvenes alejados pero que han sido bautizados y pertenecen
a familias de práctica cristiana regular.
1. Un primer desafío, me parece que es integrar la predicación de la Palabra de Dios en un proceso educativo de la fe. Hoy día no se puede solamente predicar; hay que hacerlo de forma integrada. El joven necesita saber que la fe es un don que se alimenta también de la Palabra. La pastoral juvenil, infelizmente, se ha centrado mucho en el denominado catecumenado de confirmación, lo que conduce el joven al error de inscribirse en dicho catecumenado con fines solamente sacramentales. De ahí que se asista en Portugal al fenómeno preocupante de abandono después de haber recibido el sacramento de la Confirmación. Este proceso educativo de la fe pasa por la vía de acercamiento que podríamos llamar evangelizadora.
2. Un segundo desafío es crear en el joven la disposición interior para que la Palabra haga parte de la persona misma, o sea que se elimine la separación entre Vida y Fe. Este es un binomio que necesariamente tendrá que formar un solo cuerpo. La Palabra de Dios parece que sólo es importante mientras se escucha, se estudia, se celebra. Surge aquí la pregunta verdaderamente desafiante: ¿La Palabra de Dios es un apéndice en la catequesis y predicación, o es de hecho verdadero Alimento Espiritual?
3. Un tercer desafío pienso que es la novedad que la Palabra de Dios tiene que provocar en el joven. La Palabra que da Vida precisamente por ser siempre nueva y por pertenecer al designio del Espíritu. Esa misma Palabra que según S. Pablo está escrita en el corazón del que la escucha y la vive, no con tinta, sino con el Espíritu de Dios Vivo. El joven ha de ser una carta de Cristo, porque entiende y celebra la Palabra de Dios como nueva, actual, para el hoy aunque proyectada hacia el mañana. Un periódico, por ejemplo, de hace 15 días o un año no dice nada al joven de hoy; es letra muerta, se refiere a algo que ya pasó, que fue importante en su día. La Palabra de Dios es actual, nueva, sorprendente.
4. Un cuarto desafío, estrechamente relacionado con el anterior es el hecho de la Palabra de Dios que apunta hacia lo último, hacia la Salvación. La Palabra salva y como tal tiene que provocar en el joven la conversión, el cambio interior, la docilidad a la misma Palabra. El joven con su ansia de búsqueda, de felicidad, de seguridad, de radicalidad, puede encontrar en la Palabra de Dios el santuario donde alimentarse y la razón de ser de su propia existencia. La Palabra puede dar sentido a su vida y le trae felicidad.
5. Cuando hablamos de desafíos en predicar la Palabra de Dios en la pastoral juvenil, no podemos olvidar la figura del que predica, del transmisor o anunciador de la Palabra. En este contexto creo que uno de los desafíos es sin duda el testimonio del predicador. Este tiene que ser un testigo fiel de la Palabra que anuncia y alguien que apunta a la vez hacia modelos, hombres y mujeres que han vivido iluminados y alimentados por la misma Palabra. S. Gaspar en sus cartas también nos deja algunos desafíos con respecto a este mismo punto. En la carta al Misionero D. Rafaelle Rosati en Mayo de 1832 dice: "Pero dondequiera, prediquen con el ejemplo y tengan cuidado en todo" (Carta # 2340). Es S. Gaspar quien nos dice también que el predicador debe estar munido de sólida virtud, de suficiente ciencia y desprendimiento de todas las cosas (Carta # 1241 al Papa León XII, 29 Julio 1825). Si algo llama la atención a los jóvenes es el descubrir en la persona que predica una coherencia de vida. No se puede decir a los jóvenes (¡ni a nadie!) "haz lo que yo te diga y no lo que yo haga." El joven necesita de modelos, de ejemplos de vida.
6. Por fin me gustaría presentar un otro desafío que se relaciona con la Sagrada Escritura. La Biblia tiene que ser presentada como "el Libro" de la salvación, no como un subsidio o un manual que se consulta de acuerdo con las preferencias y motivaciones del momento. La Palabra de Dios es la Escritura que contiene la revelación del misterio de Cristo.
Conclusión
Con estos
apuntes he querido compartir algunos desafíos que me parecen hoy importantes
a la hora de trabajar con jóvenes. Estoy seguro que no los he agotado
(¿alguien sería capaz de agotarlos?) y por ello cada uno de vosotros
podrá añadir los que crea conveniente y así completar la
reflexión que os ofrezco. He hecho un esfuerzo por no citar autores ni
documentos, una vez que mi fuente principal es la propia experiencia personal,
tal como os he advertido al inicio. Todos sabemos que en pastoral no hay recetas,
que es fácil presentar teorías. Por esta misma razón el
trabajo con jóvenes es en sí mismo un desafío que se nos
presenta a todos nosotros, también como Misioneros de la Preciosa Sangre.
Pero eso sería tema para otro artículo.
Termino con una
referencia bíblica: la pregunta que brotó del hondo del corazón
de Andrés y de Juan: "Maestro, ¿dónde vives?"
y la respuesta de Jesús que seduce a los discípulos "¡Venid
y lo veréis!" (Jn 1, 36-39). La audacia desafiante del predicador
tiene que suscitar en el joven el mismo interés de Andrés y de
Juan y a la vez abrir el camino para que el joven pueda ir y ver, de tal modo
que mientras camina pueda afirmar con Pedro: "¿A quién iremos
Señor? Sólo Tú tienes Palabras de Vida Eterna" (Jn
6, 68).