Ser Misioneros
por Barry Fischer, C.PP.S.
Tendencias Actuales de la Missión
por Robert Schreiter, C.PP.S.

Crear una Parroquia Misionera
por Thomas Hemm, C.PP.S.

Fundación de una Nueva Misión
por Willi Klein, C.PP.S.
Ser Misionero en un País no Cristiano
por John Bosco, C.PP.S.

Ser Misionero Toda la Vida
por Fritz Tschol, C.PP.S.

 


Ser Misioneros
Barry Fischer, C.PP.S.


Jamás olvidaré aquel día de mayo de 1969 cuando la comunidad del St. Joseph's College, en Indiana, se reunió en el College Ballroom para celebrar una Eucaristía festiva en la que otro seminarista y yo íbamos a ser enviados al Perú para comenzar nuestra experiencia de misión extranjera. El Provincial, P. John Byrne, después de la homilía nos dio a cada uno una cruz, lo que simbolizaba el hecho de que la Congregación nos enviaba.

La imagen del "misionero" ha evocado durante mucho tiempo en la mente de las personas una figura casi mística y heroica que se aventura en tierras exóticas para difundir la fe en medio de dificultades y sacrificios.

Al final del segundo milenio, los conceptos de misión y misionero están sufriendo cambios radicales. Vivimos en una época en la que toda la Iglesia se ha hecho más consciente de su naturaleza básicamente "misionera" y de que cada cristiano bautizado es misionero por su mismo llamado a la vida cristiana. En este contexto, debemos revisar nuestra concepción de "congregación misionera". Debemos entendernos dentro de la misión universal de la Iglesia y al mismo tiempo descubrir cuál es nuestro aporte específico a esa misión a la luz de la espiritualidad de la Preciosa Sangre. Estamos en un proceso de redescubrimiento de nuestro carisma misionero como parte de nuestra identidad básica.

Leemos en nuestros Textos Normativos: "Llamados a compartir la misión de Cristo en el mundo, los miembros de nuestra Sociedad, inspirados por el misterio de la Preciosa Sangre y viviendo conscientemente dentro de él, se esfuerzan continuamente por lograr esa configuración con Cristo - humana, cristiana, comunitaria, apostólica - que mejor promueva el Reino de Dios." (C28). Además, el Santo Padre escribe en su Exhortación Apostólica Vita Consecrata que las congregaciones viven su misión "según el carisma específico de cada Instituto (cf. 36-37, 52)."

Tenemos que orientar nuestra participación en la misión de la Iglesia desde nuestro carisma como "Misioneros de la Preciosa Sangre". El "Perfil del misionero CPPS", elaborado durante el taller de Formadores CPPS en 1992, establece que: "La Sangre de Cristo está en el centro de la vida y del ministerio del Misionero. Este signo del amor de Dios define (describe, aclara) lo que el misionero entiende por reino de Dios, al cual somos llamados y enviados, y el mensaje y la palabra que proclamamos."

El misionero es alguien que "es enviado". Nos preguntamos, entonces: ¿quién nos envía? y ¿a quiénes somos enviados? La sangre de Cristo se convierte para nosotros en la mediación del llamado de Dios que nos reúne en comunidad para una misión particular.

LLAMADOS Y ENVIADOS POR LA SANGRE

Hoy vivimos en una cultura de muerte en la que diariamente la sangre de muchas personas inocentes es derramada en los niños abortados, las guerras, las limpiezas étnicas, las personas desplazadas, en manos de quienes buscan riqueza y poder, y en las víctimas de sistemas económicos que marginan a millones, condenándolos a la muerte por inanición o a vidas marginadas que apenas pueden decirse "humanas". Cristo continúa derramando su Preciosa Sangre en la sangre de los inocentes de hoy. Es la sangre de Abel derramada diariamente que impregna la misma tierra que pisamos. El Santo Padre en su encíclica Evangelium Vitae describe en detalle esta cultura de muerte e invita a todos los cristianos y personas de buena voluntad a escuchar "la voz de la sangre de tu hermano que grita desde la tierra". Y habla de la Preciosa Sangre como la respuesta de Dios al grito de la sangre de Abel, como la fuente de la perfecta redención y el don de la vida nueva (párr. 25). Hace un llamamiento urgente a todos los cristianos y personas de buena voluntad a que proclamen el Evangelio de Vida (párr. 82-84).

Como Sociedad de vida apostólica en la Iglesia, que lleva el nombre de la Preciosa Sangre, estamos llamados a ser una voz viviente de la Sangre de Cristo que grita desde la tierra en la sangre de aquéllos que hoy sufren! Esta puede ser para nosotros una forma de orientar nuestra identidad y nuestra misión, una forma que trasciende las fronteras de las culturas y las lenguas, una forma de autocomprendernos en cualquier apostolado o ministerio que realicemos.

Preguntas como éstas: "¿Dónde escuchamos el grito de la sangre en nuestra situación o contexto particular?" y "¿Cómo podemos responder a ese grito en nuestros ministerios?" se convierten en preguntas que nos ayudan a enfocar nuestra misión desde la perspectiva de nuestra identidad de Preciosa Sangre. Son preguntas que pueden unirnos en el esfuerzo por responder a nuestro carisma con fidelidad creativa.

Así como el grito de la sangre de Abel hizo que Dios se compadeciera e interviniera para liberar a la humanidad de todo lo que la oprimía, así también nosotros estamos llamados a comprometernos. Nosotros que escuchamos el grito de la sangre estamos llamados a responder a ese grito con la Sangre de Cristo, una sangre que habla de alianza, de cruz, y de reconciliación.

Las circunstancias pueden ser diferentes de un lugar a otro y de una cultura a otra, pero dondequiera que estemos, y en cualquier ministerio que realicemos, el grito de la sangre se levanta de la misma tierra que pisamos!

Los misioneros de la Preciosa Sangre estamos llamados de una manera especial a ser "memoria viviente", la voz de los sin voz, la conciencia crítica de la sociedad y de la iglesia, para que no sean sordas e indiferentes al grito de la sangre, hoy.

MOVILIDAD Y FLEXIBILIDAD

En los comienzos de la Congregación estaba muy en boga la idea del "misionero itinerante". Gaspar y sus compañeros iban y venían de la ciudad al campo, atravesando los estados pontificios predicando misiones populares y ejercicios espirituales. Hoy tenemos un concepto más amplio del misionero, y entendemos la "itinerancia misionera" dentro del contexto de la misión de la Iglesia y en fidelidad creativa a nuestro carisma.

El mayor peligro para nuestra identidad misionera es la tendencia a "instalarnos", como individuos o como Instituto, por prudencia, temor, agotamiento, o debido a amenazas externas que limitan nuestra actividad pastoral, o simplemente por falta de creatividad.

Escuchar el "grito de la sangre" desinstala! Nos saca de nuestra paz y desafía nuestra comodidad y nuestras seguridades. Deberíamos desear ser llevados, en respuesta al grito de la sangre que nos grita desde la tierra. Este deseo de ser llevados requiere libertad interior y una espiritualidad de éxodo, de verdadera kenosis. Es la Sangre la que nos llevará "adonde no quisiéramos ir" (Jn 21, 20 ss). Los pobres y los que sufren serán nuestros guías. Los rechazados por la sociedad se convierten en nuestras piedras angulares, el centro de nuestros apostolados y de nuestra misión. Actuar así es vivir en obediencia al Grito de la Sangre, el grito más radical y fundamental de un misionero de la Preciosa Sangre. Estamos llamados a renovar nuestros compromisos apostólicos, viviendo nuevos estilos de vida comunitaria y apostólica, en respuesta a este Grito de la Sangre. Esta obediencia nos desafía a ser más "misioneros" en todos nuestros esfuerzos apostólicos.

Una comunidad misionera es la que está a la puerta, con el bastón en la mano, esperando y discerniendo el llamado (cf. los Textos Normativos, C32). Nuestro primer desafío consiste en superar nuestros temores y nuestras comodidades, tanto personales como institucionales. El misionero de la Preciosa Sangre es una persona móvil y flexible, siempre dispuesta a ir donde la Sangre de Cristo nos llama hoy!

EN ESTA EDICION

Varios misioneros CPPS comparten sus experiencias y el desafío de la misión desde diversas perspectivas. En primer lugar, el P. Robert Schreiter presenta cinco modelos diferentes de misión, que nos ayudan a entender cómo cada uno ve la misión y a ser conscientes del modelo que estamos viviendo. En esa perspectiva, es muy interesante el artículo del P. John Bosco sobre "el misionero cristiano en un país no cristiano". Cuál es el objetivo de la misión en países en los que el cristianismo es una religión minoritaria? El P. Fritz Tschol, un veterano misionero de la Prelatura de Xingu, reflexiona sobre sus 42 años en el Brasil y habla de los retos de la inculturación. El P. Willi Klein, Consejero General, comparte con nosotros los planes de reapertura de la misión CPPS en Croacia orientados según los "Criterios para fundar una Misión" aprobados en julio del año pasado en Tanzanía en la Reunión de Superiores Mayores. Y desde una perspectiva parroquial, el P. Thomas Hemm reflexiona sobre el papel del laicado y de la colaboración en la parroquia misionera postconciliar de los Estados Unidos.

Es de esperar que la presente edición de El Cáliz sirva de estímulo y ofrezca algunos elementos útiles para una reflexión permanente sobre nuestro "carisma misionero". ¿Cómo estamos viviendo, como individuos y como Instituto, la flexibilidad y movilidad de un Misionero de la Preciosa Sangre?


Tendencias actuales de la Misión
Robert J. Schreiter, CPPS

La palabra "Misioneros" ha estado siempre en el título oficial latino de la CPPS, y la usamos casi en todas partes como parte de nuestro nombre. Lo que es más importante, el ser misioneros forma parte de la identidad que compartimos, y que se remonta al mismo Fundador.

A lo largo de nuestra historia, ser misionero ha significado distintas cosas. Lo cual no sorprende en el caso de una Sociedad de Vida Apostólica cuyo apostolado ha estado tan vinculado al ministerio de la Palabra. Nuestro servicio a la Iglesia ha ido cambiando en función de las circunstancias de tiempo, modalidad y lugar en las que el mensaje del evangelio debía ser escuchado.

No sólo han ido cambiando con el tiempo las necesidades de la iglesia local en los muchos países en los que prestamos nuestro servicio. También ha evolucionado a lo largo del siglo XX la concepción que la Iglesia tiene acerca de su misión, especialmente durante el Concilio Vaticano II y en las enseñanzas de los Papas Pablo VI y Juan Pablo II. Dicho en pocas palabras, la Iglesia ha pasado de ser una Iglesia que tenía misiones como parte de su actividad, a una Iglesia que es misión. Toda la Iglesia es misionera, como leemos en el Decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia.

La finalidad del presente artículo es examinar las diferentes formas en las que la Iglesia es misionera, y ver cómo la CPPS encaja en ellas. Como ya se ha señalado, la CPPS ha sido misionera de diferentes maneras en el pasado. Y podemos prever nuevos desafíos a medida que avanzamos hacia el futuro.

Quisiera presentar, primeramente, las cinco formas en las que la Iglesia es misionera. En segundo lugar, los modos en los que la CPPS ha participado en cada una de esas formas - en la medida en que la CPPS ha asumido esta forma de misión. En la conclusión, quisiera proyectarme hacia el futuro.

Formas de ser misionero

El Papa Juan Pablo II nos recuerda en su encíclica Redemptoris missio que nuestra participación en la obra evangelizadora del Espíritu Santo puede traducirse en tipos de actividad muy diferentes. Estas son las cinco formas en las que participamos en la obra salvífica:

- misión como primera evangelización
- misión como nueva evangelización
- misión como implantación de la Iglesia
- misión como respuesta a una iglesia local necesitada
- misión como modo de compartir el carisma CPPS

Misión como primera evangelización

Para muchas personas, la primera evangelización es la forma primaria de la misión. Siguiendo las conmovedoras palabras que están al final del evangelio de Mateo, los misioneros "van y hacen discípulos de todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo." (Mt 28:19). Es la imagen del misionero que se dirige a tierras extrañas, llevando el evangelio donde nunca ha sido predicado, y convirtiendo a los que lo escuchan. La experiencia del rápido crecimiento de la Iglesia en los siglos XIX y XX gracias a la obra de la primera evangelización no hace sino intensificar la fuerza de esta imagen.

El Papa Juan Pablo II pone esta forma de evangelización en primer lugar en su encíclica, pero dice al mismo tiempo que hay también otras formas de evangelización. De hecho, sólo una minoría de los misioneros de todo el mundo se dedican a la primera evangelización, debido a que muchos de los países en los que el evangelio tiene que ser predicado todavía por primera vez han restringido la entrada a los misioneros cristianos (muchos países mahometanos y budistas, y los países que siguen siendo comunistas). En realidad, las oportunidades para la primera evangelización son bastante pocas.

La CPPS se dedica más directamente a la primera evangelización en el Brasil y Tanzanía, donde nuestros misioneros han llevado muchas personas a la fe cristiana. También ha sido éste el caso en alguna medida en la India, si bien no está permitido hacer abiertamente una acción proselitista. El P. John Bosco analiza esto en otro artículo de la presente edición.

Misión como nueva evangelización

El Papa Juan Pablo II ha invitado a una "nueva evangelización" del mundo con ocasión de la llegada del tercer milenio de la fe cristiana. Nueva evangelización es una renovación de la fe de los cristianos, y de las sociedades en las que viven. Se extiende también a aquéllos que han abandonado la Iglesia o no son muy activos dentro de ella.

Este fue el tipo de misión que inspiró a San Gaspar a reunir al pequeño grupo que se convirtió en la CPPS. Tal vez esta forma de misión - que apunta a la renovación de la fe cristiana - es la que ha estado más en el centro de la identidad CPPS. Y caracterizaría la forma en que muchos de los miembros de la CPPS - quizás la mayoría - son hoy misioneros.

Misión como implantación de la Iglesia

En esta forma de misión, las personas dejan su patria para ayudar a la implantación de una nueva iglesia local en otra parte. Esta clase de misioneros suele experimentar las mismas dificultades que los que trabajan en la primera evangelización.

El desplazamiento de los misioneros desde Europa a América del Norte en el siglo XIX es un ejemplo de esto. La CPPS respondió a la iglesia que estaba surgiendo allí yendo a ayudar especialmente a las comunidades de inmigrantes alemanes e italianos. A medida que pasa el tiempo y la iglesia local se va estableciendo, los misioneros CPPS pueden ir a otra parte o centrarse en las nuevas necesidades que se van presentando en esa iglesia local, o velar por su continua renovación.

Misión como respuesta a una iglesia local necesitada

En esta forma de misión, las necesidades especiales de una iglesia local impulsan a otras iglesias locales a responder a ellas. Es lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el Papa Pío XII pidió a la iglesia norteamericana que enviara misioneros a América Latina para ayudar a reforzar la Iglesia de allí contra las amenazas que venían de afuera. La CPPS respondió enviando misioneros a Chile, y después al Perú, donde la escasez de sacerdotes ponía la Iglesia en riesgo. La CPPS colaboró generosamente para poner remedio a la situación.

Esta forma de ser misioneros continuará mientras haya nuevas necesidades, y las iglesias locales se encuentren equipadas como para ayudar a otras que están necesitadas.

Misión como difusión del carisma CPPS

Ha habido casos en los que la CPPS ha sido invitada o ha ido a otros países no para satisfacer una necesidad específica, sino para extender en cierto modo la influencia del carisma proprio. Esto permite que nuestro carisma eche raíces en un lugar nuevo, y que se abran nuevas posibilidades para la iglesia local y para la CPPS. Las fundaciones en Alemania, España, y Polonia podrían ser ejemplos de esta forma de misión.

Estas iniciativas han dado muchos resultados positivos. Es algo muy común entre los institutos religiosos, especialmente los que tienen como objetivo la vida comunitaria. Corren el riesgo, sin embargo, de confundir la finalidad específica de una Sociedad de vida apostólica, como la CPPS. El riesgo consiste en que si este tipo de sociedades no tienen una necesidad definida como finalidad apostólica, pueden terminar asimilándose al clero diocesano o haciendo de la vida comunitaria su objetivo, como los institutos religiosos. Como se señaló en uno de los últimos números de esta publicación, una Sociedad de vida apostólica se define, primeramente, por su misión. La vida comunitaria y la espiritualidad se orientan a respaldar la misión. Juntas forman los tres pilares sobre los que descansa la CPPS, como tantas veces lo ha recordado el Moderador General.

Desde luego que otras formas de actividad misionera tienen también sus riesgos. Por ejemplo, ¿qué hace una comunidad misionera cuando la necesidad que fue a cubrir ya está colmada?

Futuras orientaciones

La palabra "misión" significa "enviar" o "ser enviado". El salir a llevar la Buena Nueva es lo que está en el corazón de la actividad misionera. Salimos de distintas maneras: atravesando fronteras nacionales o culturales, asumiendo ministerios especializados, estando entre personas diferentes de nosotros. El evangelio debe ser predicado para que pueda ser escuchado por esos diferentes grupos de personas, cuyas necesidades también van cambiando con el tiempo. Como Sociedad de vida apostólica, si seguimos yendo hacia otros y predicando el evangelio lo más fiel y audazmente que podamos, seremos verdaderos misioneros.

 

Crear una parroquia misionera
Thomas Hemm, C.PP.S.


San Gaspar y la parroquia

En los años ochenta, el Vicariato chileno trató de precisar el sentido de nuestra identidad como comunidad "misionera". Decidimos cambiar nuestro título, de "Padres" a "Misioneros" de la Preciosa Sangre. Nos hicimos más conscientes de que nuestra finalidad se centra en el ministerio de la Palabra, especialmente a través de misiones y retiros. Empezamos a preguntarnos si acaso, a causa de su intensa tarea parroquial, las provincias norteamericanas y sus misiones se estaban alejando del carisma misionero de San Gaspar.

Hicimos una revisión histórica a partir del momento en que la Comunidad respondió a la invitación del obispo de Cincinnati a mediados del siglo pasado. ¿Francis De Sales, al responder a dicha invitación, nos había puesto en un camino equivocado? San Gaspar había evitado claramente los compromisos parroquiales para que sus miembros estuvieran libres para la labor específicamente misionera del Instituto.

Pero después traté de imaginar qué tipo de "parroquia" San Gaspar no quería que asumieran sus miembros. ¿Podría ser que una parroquia actual, posconciliar, fuera muy diferente de una parroquia de los estados pontificios del siglo XIX? En ese caso, ¿cómo habría respondido San Gaspar a la parroquia de los años ochenta y noventa?

Este pensamiento me llevó a una pregunta ulterior: ¿no será que la parroquia católica como la conocemos hoy es muy diferente precisamente a causa de la reforma impulsada por San Gaspar y otros misioneros como él? Aun cuando San Gaspar no concentró sus energías en la reforma estructural de la parroquia, su labor a través de las misiones y los retiros contribuyó a crear una conciencia mayor de las enormes necesidades misioneras que existen dentro de las parroquias mismas.

La parroquia a partir del Vaticano II

Con el Vaticano II, la misión se transformó en una parte integrante de la autocomprensión de la Iglesia. La parroquia postconciliar existe para la misión. Nótese el espíritu que se manifiesta en los siguientes textos de los documentos conciliares:

"La cura de almas ha de estar, además, informada siempre por el espíritu misional, de suerte que se extienda de forma debida a todos los que viven en la parroquia" (Christus Dominus, 30)

"La parroquia ofrece modelo clarísimo del apostolado comunitario, porque reduce a unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran y las inserta en la universalidad de la Iglesia… Acostúmbrense los seglares a colaborar según sus posibilidades en todas las iniciativas apostólicas y misioneras de su familia eclesiástica." (Apostolicam actuositatem, 10)

"La comunidad local no debe fomentar sólo el cuidado de sus propios fieles, sino preparar también, imbuida de celo misional, para todos los hombres el camino hacia Cristo…" (Presbyterorum ordinis)

El laicado y la misión

Con todo, algunos de los aspectos innovadores del Concilio hubieran tomado de sorpresa a San Gaspar. En efecto, se hubiera sorprendido de que la responsabilidad misionera fundamental, reservada en un tiempo a la jerarquía, reside ahora en cada uno de los bautizados seguidores de Jesús.

En su exhortación postsinodal sobre el laicado, el Papa Juan Pablo II destaca este cambio profundo cuando dice que la llamada misionera

no se dirige sólo a los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor, de quien reciben una misión en favor de la Iglesia y del mundo… El Concilio ha reservado páginas verdaderamente espléndidas sobre la naturaleza, dignidad, espiritualidad, misión y responsabilidad de los fieles laicos… El mismo Señor invita de nuevo a todos los laicos… a que se asocien a su misión salvadora. De nuevo los envía a todas las ciudades y lugares adonde él está por venir (cf Lc 10,1) (Christifideles laici, 2)

La situación favorecida del laicado en la parroquia misionera postconciliar es especialmente desafiante para todos los que están llamados a ejercer un liderazgo pastoral. En efecto, puede ser uno de los retos más importantes para un Instituto como el nuestro al llegar al próximo milenio. En la parroquia más tradicional, el clero era responsable de la misión, y el laicado era invitado a colaborar. En la parroquia misionera contemporánea, los papeles se han invertido.

Este cambio ha sido recogido en la Declaración sobre la Misión de la Provincia de Cincinnati. Una de las prioridades que señalamos es la de realizar nuestra misión "aprovechando los dones del laicado y trabajando en colaboración con ellos."

Esto supone un cambio en la autocomprensión de los líderes pastorales. Aunque el sacerdocio común de los fieles sigue distinguiéndose claramente del sacerdocio ordenado, "los pastores deben reconocer que su ministerio está radicalmente ordenado al servicio de todo el pueblo de Dios (cf Heb 5,1) (Chrstifideles laici, 22.3)

Conducción de una parroquia misionera

Muchas veces he tratado de elaborar esta nueva autocomprensión en mi propio ministerio pastoral recordando las palabras de gozo y alabanza de Jesús cuando contempla los dones que Dios ha dado especialmente a los "pequeños". (Lc 10, 21). Me doy cuenta de que en vez de considerarme como el encargado, estoy llamado a ser un testigo privilegiado de lo que el Espíritu Santo está haciendo.

Hace poco descubrí un libro de Howard Friend que me ayudó a reflexionar sobre cómo crear una parroquia misionera. El libro se llama Recovering the Sacred Center: Church Renewal from the Inside Out) Judson Press, 1998). Valiéndose de una de las tantas metáforas útiles que presenta, compara la así llamada parroquia tradicional con una compañía aérea:

Una compañía trata de atraer la mayor cantidad posible de pasajeros para un número limitado de puestos en un número limitado de vuelos dirigidos a un número limitado de destinaciones. Si tu destinación no está en la lista de la compañía, no tomas esa compañía (p. 87)

El párroco misionero se parece más a un aeropuerto. Allí todos los miembros son pilotos, y toman iniciativas según su vocación bautismal. Friend continúa diciendo:

Un aeropuerto, en cambio, trata de asegurar un marco seguro para un número ideal de partidas y llegadas de aviones grandes y pequeños destinados a una variedad de destinaciones. Las destinaciones las determinan los que conducen los aviones… Como líderes, nosotros somos más parecidos a los controladores del tráfico aéreo que a los pilotos.

Conclusión

Para terminar, quisiera resumir lo expuesto sugiriendo que aunque la predicación de misiones y retiros constituirá siempre una parte privilegiada de nuestro apostolado, el carisma misionero de San Gaspar ofrece también un aporte muy necesario a la creación de parroquias misioneras. En el documento postsinodal sobre la Iglesia en América, el Papa Juan Pablo II ha descrito esta necesidad con nueva urgencia:

Esta clase de parroquia renovada necesita como líder un pastor que tenga una profunda experiencia del Cristo viviente, un espíritu misionero, un corazón de padre, y que sea capaz de promover la vida espiritual, predicar el evangelio y promover la cooperación. Una parroquia renovada necesita la colaboración de los laicos y, por lo tanto, un director de la actividad pastoral y un pastor capaz de trabajar con otros. En América, las parroquias deberían distinguirse por su espíritu misionero, que las lleve a buscar a los que están afuera (Ecclesia in America, 41)

Creo que San Gaspar estaría de acuerdo. Veo una multitud de trabajadores que de a poco van cubriendo toda la tierra con el sagrado cáliz de la Redención…'haciendo la paz mediante la Sangre.' (Carta a Mons. Belisario Cristaldi, de 22 de mayo de 1826).


Fundación de una Nueva Misión
Willi Klein, C.PP.S.

Introducción

Cuando el Provincial de entonces, el p. Anton Loipfinger, me invitó a participar en la celebración de las ASC de Banja Luka (Bosnia) en 1979, ninguno en la provincia hubiera pensado que se podía hacer allí una fundación de la CPPS. Aunque no podía entender el idioma, me impresionaron muchísimo la calidez y la fe profunda de las hermanas y hermanos cristianos de allí, que sufrían a causa de la persecución comunista y nacionalista.

En los años siguientes, dirigí allí varios retiros y días de recogimiento para las hermanas ASC y para los jóvenes. Lentamente fue surgiendo la idea de establecer una fundación CPPS, hasta que finalmente en 1987 el obispo de Banja Luka pidió a nuestro Moderador General que enviara misioneros a su diócesis.

La expansión de nuestra Congregación en el pasado

Nuestra Congregación ha tenido una variedad de experiencias con fundaciones en nuevos territorios fundadas por miembros del Instituto. Muchas constituyeron una expansión de la Congregación; otras, después de un cierto período, terminaron.
Francis De Sales Brunner hizo su primera fundación en Löwenberg (Suiza) en 1839, y en Alsacia (Francia). El clima de hostilidad contra la Iglesia, el afán misionero de Brunner, y la invitación del obispo de Cincinnati condujeron a la fundación de una casa en "St. Alphonsus in Peru" (Ohio) y, desde esa casa, a la fundación de las provincias norteamericanas.

Buscando una cabeza de playa en Europa, Brunner fue a Schellenberg en Liechtenstein en 1858. Fue allí donde Gregor Jussel empezó en 1911 la expansión de la Congregación hacia los países de habla alemana.

La donación de la Casa del Sol llevó al establecimiento de una casa en Cáceres (España) en 1898, fundada por Bartolomeo Corradini, de donde surgió la provincia ibérica.

Eduardo Ricciardelli y Pasquale Rebzullo fueron a Chicago en 1904 para atender a los inmigrantes italianos. Allí dieron comienzo a la provincia Atlántica.

Por sugerencia de la Propaganda Fide del Vaticano, Markus Schaawalder comenzó en 1930 una obra en Porto de Moz, en la Amazonia (Brasil). Su hermano Johann Rinderer murió de fiebre amarilla poco después de su llegada al "infierno verde". Así comenzó el Vicariato brasileño.

El provincial norteamericano John Marling hizo un viaje de cinco semanas a América del Sur y, de acuerdo con Propaganda Fide, John Wilson y John Kostik llegaron a Santiago (Chile) en 1947 y empezaron lo que sería después el Vicariato chileno.

A petición de los obispos peruanos y de Propaganda Fide, la misión del Perú comenzó cuando Paul Buehler llegó a Lima en 1962.

Paul Aumen comenzó a trabajar en la ciudad de Guatemala en 1975, y en 1985 se fundó la misión guatemalteca.

Con el deseo de difundir el carisma de San Gaspar en Europa oriental, y gracias a la invitación de las hermanas ASC de Polonia, Winfried Wermter empezó a trabajar en Czestochowa (Polonia) en 1983, y así empezó el Vicariato polaco.

A raíz del surgimiento de un nuevo espíritu en la provincia italiana, y después de varios viajes de reconocimiento y de conversaciones con los obispos de las zonas visitadas, se fundó en 1966 la misión de Manyoni (Tanzanía), y en 1986 la de Bangalore (India). Ambas iniciativas fueron emprendidas por Giuseppe Montenegro.

Esta panorámica histórica nos permite ver que fueron distintas las razones que indujeron a la expansión de la Congregación: el mandato de Jesucristo y el celo misionero de nuestros hermanos; el deseo de difundir el carisma de San Gaspar en toda la Iglesia; la búsqueda de vocaciones; las necesidades concretas de una iglesia local; la apertura al Espíritu Santo y adonde nos llevaba. Al mismo tiempo, ha sido una historia de dificultades y de debilidades humanas, de grandes sacrificios por parte de las personas y las provincias.

Inicio frustrado en Yugoslavia: 1988-1992

Los Superiores mayores de nuestra Congregación aprobaron en julio de 1988 los "Criterios para la creación de una misión/delegación y la erección de un vicariato o provincia". En ese documento se dice: "El establecimiento de una futura misión/delegación debe ser realizado por una provincia, y no debe ser la iniciativa personal de un solo individuo. Lo cual significa que 1) más de un miembro definitivamente incorporado a la provincia trabaja en la futura misión/delegación, y 2) que su labor cuenta con el respaldo de la mayoría de los miembros de la provincia."

La labor en Yugoslavia tuvo desde el principio un punto débil. El Moderdor General aprobó el establecimiento de una misión en Yugoslavia, que se había decidido por una mayoría aplastante de la provincia alemana en abril de 1988, pero yo comencé a trabajar solo.

Comencé en otoño de 1988 en la diócesis de Banja Luka (Bosnia) predicando retiros y días de recogimiento, y construyendo una casa de misión en Nova Topola, con la ayuda de las hermanas ASC y los sacerdotes diocesanos del lugar. Empezaron a llegar candidatos que necesitaban formación, pero entre tanto trabajaban conmigo. Fue difícil también porque yo residía allí ilegalmente, y lo que estaba haciendo estaba expresamente prohibido por las autoridades locales. Esto duró cuatro años. En Zagreb, establecí una segunda casa para la formación de los candidatos - siempre ilegalmente, pero con la bendición del arzobispo.

Las dificultades con los candidatos, el comienzo de la guerra en 1991, y la intensa labor de socorro a los refugiados me afectaron la salud, y el Provincial, P. Josef Epping, me trasladó a Schellenberg (Liechtenstein) en el verano de 1992 para descansar y recuperarme. Nuestra casa de misión fue destruida, y la de Zagreb se dio a las hermanas ASC, que habían perdido casas grandes en Bosnia.

En los años siguientes, tanto yo como el gobierno provincial teníamos incertidumbre acerca de si la obra comenzada allí podía continuar.

Un segundo comienzo de la "Delegación croata"

A partir de la guerra se creó una situación política nueva: Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, y Macedonia se han convertido en estados independientes. El vicariato polaco declaró que estaba preparado para enviar misioneros a Croacia, y la Asamblea provincial de 1998 decidió continuar la obra.

Además del Director de la Delegación, el vicariato polaco enviará un sacerdote que será el director de la formación, un hermano y un seminarista. Con ellos también vendrá un seminarista croato que ya ha hecho tres años de formación en Polonia. Dos hermanas MSC de Polonia trabajarán con nosotros. Los candidatos croatos se formarán tanto en el vicariato polaco como en Croacia. Para comenzar, volveremos a ocupar nuestra casa de Zagreb, que las hermanas ASC no necesitan más.

En los "Criterios" mencionados anteriormente, se dice: "Tiene que haber en la región necesidades apostólicas claras que permitan la realización del carisma de nuestra Congregación como servicio a la Iglesia mediante la proclamación apostólica y misionera de la palabra de Dios (C3)." La meta fijada en 1988 permaneció la misma, a saber: estar en la fisura en la que por siglos se han producido fricciones entre el cristianismo latino y ortodoxo y diversos intereses políticos, para responder al grito de la sangre. No obstante, hacía falta una nueva orientación, basada en los "Criterios" y en la nueva situación política. Tomamos contacto con algunos obispos de la zona, y se decidió abrir una casa de misión en Ludbreg (Croacia). Ludbreg es un santuario de la Sangre de Cristo, adonde concurre un número cada vez mayor de peregrinos. El obispo local de Varazdin dio su consentimiento y escribió: "Si Dios ha elegido a Ludbreg como un lugar en el que la sangre de Cristo debe ser objeto de una veneración especial…, es necesario que la Iglesia despliegue por su parte los mayores esfuerzos para que Ludbreg se transforme en un centro espiritual y un lugar para la renovación espiritual de la diócesis de Varazdin y de toda nuestra patria croata.! (Carta de 10 de julio de 1998).

Con la ayuda de Dios y de la Provincia Teutónica queremos ser capaces de lograrlo, no sólo para Croacia, sino también para más allá de sus fronteras.


Ser misioneros en un país no cristiano
John Bosco, C.PP.S.

Introducción

"En una época caracterizada por la globalización de los problemas y el retorno de los ídolos del nacionalismo, los institutos internacionales están llamados especialmente a dar testimonio del sentido de comunión entre los pueblos, razas y culturas.." Con estas palabras de Juan Pablo II, quisiera compartir algo de mis siete años de experiencia como misionero en este país no cristiano llamado la India.

Primera evangelización en la India

Según la tradición, el apóstol Santo Tomás fue el primero que trajo el cristianismo a la India en el año 52 A.D., aunque no hay pruebas documentadas de cristianismo hasta la implantación de la iglesia siria en la costa malabar en el siglo tercero. La mayor parte del resto de la India tuvo que esperar hasta la llegada de los portugueses en 1498 para recibir el evangelio.

En la evangelización de la India se utilizaron tres métodos misionales diferentes. El primero - que podría llamarse el método portugués - aplicaba un sistema riguroso de proselitismo, basado en la idea de que el conquistador de una tierra tenía el derecho de determinar la religión de sus súbditos. Este método incluía la propaganda negativa contra las religiones y culturas autóctonas. Cuando uno se convertía al cristianismo, tenía que tomar nombre, vestidos y cultura portugueses.

El jesuita Robert de Nobili llegó a la India en 1606. Tomó la decisión radical de adoptar el estilo de vida y la cultura autóctonos. Presentó el evangelio utilizando la cultura hindú, de suerte que las castas hindúes no sintieran el cristianismo como una invasión de su proprio estilo de vida. Llegó a dominar el tamil y el sánscrito, y adoptó la forma de vestir, los hábitos alimentarios y las costumbres sociales de los Brahamanes.

Al final del siglo XIX, los misioneros jesuitas Constant Lieverman y Johaness Baptist Hoffmann llegaron Chotanagpur. Ambos se dieron cuenta de que la población tribal era explotada por los terratenientes y prestamistas. Estudiaron los males de la opresión y los combatieron, creando cooperativas agrarias, y de esa forma conquistaron muchas tribus para Cristo.

Para realizar una evangelización eficaz en un país como la India, con tantas religiones y tantos pobres, habría que combinar los métodos de Nobili y de Lieverman y Hoffmann.

Actualmente, alrededor de un 3 % de la población de la India es cristiano. Se estima que la mayoría de los cristianos proviene de los sectores más pobres y a menudo considerados "descastados" en el sistema de castas.

Evangelización en la India de hoy

Se pueden distinguir cinco tendencias en la actividad misionera cristiana actual en la India.

1. Evangelización como liberación

En un contexto de explotación, discriminación e injusticia, la liberación y los movimientos de liberación orientados a un desarrollo integral se consideran una parte esencial de la evangelización. En nuestra parroquia, estamos comprometidos en la lucha por el desarrollo integral empeñando en ella todos nuestros recursos, humanos y materiales.

2. Evangelización como diálogo

La India, con sus grandes tradiciones religiosas y su sabiduría espiritual ha llevado a la Iglesia a buscar un diálogo serio con esas tradiciones y con las personas que las practican.

En el territorio de nuestra parroquia tenemos alrededor de diez templos hindúes, una mezquita musulmana y un templo budista. Yo ya me he reunido con los jefes religiosos de esos templos. Estuvieron muy contentos de mi visita, y ahora tengo muy buenas relaciones con ellos. Dentro de poco organizaré una reunión a la que invitaré a todos los líderes no cristianos de nuestra parroquia. Siendo el cristianismo una minoría, muchos de los matrimonios que celebro son interconfesionales. En mi parroquia, cada año se convierten al catolicismo de tres a cinco familias hindúes, y muchas familias hindúes me invitan a visitar sus casas. Esto muestra el gran respeto que tienen por nuestra religión.

3. Evangelización como inculturación

Una de las dificultades principales con que tropieza la Iglesia en la India es la vestimenta occidental. Para superarlo, la Iglesia en la India debe tomar en serio el proceso de inculturar todos los aspectos de su vida en la realidad socioeconómica del país. Esta es una de las tareas de los que trabajamos en la evangelización de la India.

4. Evangelización en el Ashram cristiano

El estilo de vida monástico hindú del ashram es de fundamental importancia para la evangelización. Los ashram cristianos, siguiendo el modelo de los ashram indios, pueden llegar a ser centros de sabiduría y consuelo espiritual que atraigan a los que buscan la verdad y la luz. Los ashram cristianos no representan ninguna amenaza para los que han crecido en las tradiciones religiosas
hindúes.

5. Evangelización y Ecumenismo

En el espíritu del Concilio Vaticano Segundo, el Seminario All-India resolvió: "nos comprometemos a hacer todo lo que está en nuestras posibilidades para promover el movimiento ecuménico, a través del estudio, la acción social y el servicio, de manera que todos los que reconocen a Cristo como Señor y Salvador puedan ser una sola cosa en él. Lo que podemos hacer unidos, no debemos hacerlo por separado."

En el territorio de mi parroquia hay diez iglesias protestantes. El 20 de diciembre del año pasado invité a los pastores de todas ellas a una pequeña reunión en nuestro presbiterio. Al final organicé una comida de camaradería para todos los pastores. Este año, en la fiesta de nuestro patrono San Pablo (24 de enero), volví a invitar a todos los pastores y organicé una celebración de la unidad cristiana. Todos los pastores hablaron, y manifestaron su gran alegría de participar en reuniones como ésa.

Conclusión

La Evangelización asume muchas formas en la Iglesia, y formas especiales en un país como la India. En una tierra de tantas religiones y tantos pobres, llevar la Buena Nueva de Jesucristo es tanto un reto como una alegría. En nuestra parroquia tratamos de actuar en todas estas formas diferentes.

 

Ser misionero toda la vida
Fritz Tschol, C.PP.S.

Llamado a ser misionero

La fecha era el 26 de enero de 1957. El Provincial, P. Josef Mueller, me llamó a su oficina. Cuando salí después de unos minutos, la decisión estaba tomada: me mandaban a la misión de Xingu. El misionero que va a un mundo extraño y desconocido provoca en muchos asombro y admiración. Su partida es celebrada solemnemente en el seminario y en su parroquia. Jesús llama a los que quiere (Lc 6, 13) - no a los mejores, a los más fuertes, sino a los que quiere. "No me habéis elegido vosotros a mí, sino yo a vosotros" (Jn 15, 16). Sólo él sabe por qué.

Ya estaba listo para ir. Debía salir de Hamburgo a finales de noviembre de 1957, pero poco antes de la partida, se cambió todo el itinerario, de modo que ahora debía salir de Rotterdam al principio de diciembre, el 3, fiesta de San Francisco Javier, el patrono de los misioneros. ¿Coincidencia? Esa noche cayó la primera nevada que cubrió de blanco la montaña y el valle. Con toda la incertidumbre que experimentaba al ir a un mundo extraño, sentía que el Señor me decía: no te preocupes, ten confianza en mí, yo estoy contigo.

Llegué a Belém - Belén en la Nochebuena de 1957. Inmediatamente celebré mi primera misa en nuestra misión, en nuestra vieja casa de misión, a medianoche, acompañado del criado más anciano. Navidad: nos ha nacido un niño. Misión: preparar los caminos del Señor en los corazones de la gente.

Después de eso, tres días de navegación remontando el Amazonas y el río Xingú, y todavía otros 50 kilómetros por un camino accidentado, viajando de noche a través de la selva. El camión se quedó en el barro, de manera que tuve que seguir a pie hasta Altamira después de un viaje largo. La misión consiste en ir a la gente - "Id a todo el mundo". En nuestra inmensa misión de Xingu, nuestro trabajo consiste en seguir saliendo, en jeep o en barco, a las colonias distantes del interior de la Transamazonia o a las colonias costeras de la zona tropical que se extiende a lo largo de mil kilómetros.

Hacerse misionero

La primera gran tarea que te espera como misionero joven es aprender un idioma extranjero, y penetrar en una cultura extraña. Das los "primeros pasos", como un niño, sin que te entiendan y no pudiendo expresar lo que quieres decir. Durante cinco meses titubeaba en la predicación, hasta que un día un feligrés me dijo que por primera vez había entendido lo que estaba tratando de decir.

Uno tiene que acostumbrarse a las formas y costumbres de una cultura extraña, y dejar de lado el sentimiento de superioridad europeo. Una tarea de toda una vida para vivir cada vez más plenamente dentro de la cultura de esta gente, conocerla más profundamente y encontrar lo bueno que hay dentro de ella. San Pablo se hizo "todo para todos" (I Cor. 9, 22) - judíos, gentiles, los débiles.

En nuestra misión, nos confrontamos todos los días inevitablemente con la pobreza, la enfermedad, la miseria. Nunca podemos cerrar nuestros corazones ante la interminable pobreza y necesidad de tantas personas. Están hambrientos y privados de la justa oportunidad de desarrollar su potencial humano. No podemos cerrar las puertas a los que carecen de un techo o no tienen ropa suficiente, a los que están enfermos porque falta la atención sanitaria más básica, a los que desesperan de poder mantener sus familias porque no tienen empleo. Todo esto ejerce una presión sobre nosotros y nos quita la paz. Es todo un sistema económico y político que privilegia a los ricos y precipita a las grandes masas de pobres en una miseria cada vez más profunda. El problema trasciende nuestra misión; abarca continentes enteros.

¿Qué podemos hacer para cambiar todo esto? Nos sentimos totalmente impotentes, con la impotencia del Señor en la cruz. Como Misioneros de la Preciosa Sangre es aquí donde debemos estar - en el lugar donde hoy los miembros del cuerpo de Cristo están clavados a la cruz. A través de nuestra dedicación y de nuestras obras debemos ser signos de esperanza. La Preciosa Sangre de Cristo es redención, resurrección, triunfo sobre el mal. Es amor y vida nueva - esto lo aprendemos de los pobres. En fidelidad al Señor, "la Iglesia debe ser la Iglesia de los pobres", como ha dicho nuestro Papa Juan Pablo II.

Urgía desde el principio desplegar esfuerzos para constituir el clero local. Ya hace cuarenta años que abrimos una escuela apostólica, un preseminario, en la antigua casa de los Padres, que se usaba también en parte como gallinero. Un hombre del interior me encomendó a su hijo pequeño para que viera si podía llegar a ser sacerdote, médico o camionero. Pero no es tan simple. Lo único que podemos hacer es preparar el terreno y sembrar. El crecimiento y desarrollo está en las manos de Dios. Se ha sembrado durante muchos años, pero se han cosechado sólo decepciones y fracasos. Los contratiempos y las frustraciones parecían hacer inútiles todos nuestros esfuerzos. Seguimos adelante, oramos, y ponemos toda nuestra preocupación en las manos de Dios. "Pedid al Dueño de la mies que envíe trabajadores a la mies."

Nuestra primera tarea como misioneros que vienen de "países extranjeros" es implantar la iglesia local y lograr que sea autónoma. En este sentido se ha hecho algo en todos estos años. Actualmente ya tenemos cinco sacerdotes diocesanos del lugar y un diácono que se ordenará dentro de poco. Esperamos poder conseguir vocaciones para nuestra Congregación. La misión implica ser capaces de esperar. Los resultados no pueden determinarse mecánicamente.

Experiencias de un misionero

Una experiencia profunda para mí como misionero ha sido nuestro proyecto de colonización LOTAP (Loteamento Aparecida), que he dirigido y administrado durante 24 años. La misión no se limita a la actividad pastoral y sacramental en sentido estricto. Nos pone también ante tareas en el campo de las necesidades sociales y caritativas que no habíamos previsto. En las márgenes de la ciudad de Altamira, en un pedazo de tierra de la Prelatura, se consiguieron más de 1300 parcelas para familias necesitadas. Ello debía hacerse sistemáticamente, en forma planificada y con documentación legal, para impedir las invasiones y la creación de asentamientos ilegales en el futuro. Con la ayuda de Europa, pudimos construir 230 viviendas sencillas para familias muy pobres. En las zonas de inundación se quitó la maleza. Se pudieron hacer 150 hornos de ladrillos muy bien planificados, donde trabajan docenas de familias pobres. Para la mayoría de ellas es su único ingreso.

La dirección del proyecto me dio la oportunidad de acercarme a la gente. Se encuentra de todo: santos y canallas, criminales y ladrones, sanos y enfermos, analfabetos que son como niños, astutos especuladores, prostitutas y traficantes de droga. La misión está en todas partes, pues el Señor vino a sanar y buscar a los que estaban perdidos. "El quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad" (I Tim 2, 4)

Una experiencia especial que he tenido el privilegio de realizar durante estos años ha sido el contacto con los aborígenes, los habitantes primitivos del territorio de nuestra misión. En estadías periódicas de dos semanas he podido tomar contacto con Aldeia (aldeas indígenas), hacer visitas de amistad, y conocer la dramática situación histórica de estas tribus. Para un misionero joven, este mundo extraño y misterioso comportó todo tipo de experiencias arriesgadas: semanas de viajes a través de zonas deshabitadas, viajes vertiginosos por los rápidos fluviales, bailes exóticos en torno a las hogueras de campamento de los indios. Pero todo eso es nada en comparación con la experiencia desgarradora de ver qué ha sido de estos primitivos habitantes del Brasil en manos de la así llamada "civilización cristiana".

La codicia, el dinero, la búsqueda de minerales preciosos y de maderas valiosas no ceden ante los derechos hereditarios y las culturas que existen desde hace miles de años. Sobrevivirán sólo gracias a sus antiguas tradiciones y a su resistencia tenaz.

¿Y nuestra misión? ¿Dónde estamos, con dos sacerdotes y dos religiosas, en este gigantesco territorio selvático donde viven 18 tribus dispersas? Cuando Jesús vio las multitudes tuvo compasión "porque parecían ovejas sin pastor" (Mc 6, 34). Como misioneros, no nos ha faltado esta experiencia dolorosa de la falta de personal para la misión misma.

Ser misionero ha sido durante todos estos años una gracia, un don de Dios. A pesar de todas las experiencias alegres y amargas que la vida trae consigo nunca llegamos a ser maestros de nosotros mismos. Como misioneros somos siempre alumnos, "discípulos". El discípulo sigue las huellas del maestro. A causa de su debilidad y limitación humanas, el discípulo nunca deja de aprender, nunca deja de comenzar de nuevo. La invitación a seguir a Jesús incluye la invitación a participar en su persecución y en su cruz. El discípulo no es más que el maestro. El misionero - básicamente todos los bautizados - son enviados "como ovejas en medio de lobos" (Mt 10, 16). La misión implica también sacrificio, persecución, y cruz, que asumen formas diversas en la vida de cada uno.